Ajat

Este es un Ajat, una pequeño y voraz criatura de la novela Heredero de Las Hadas, de Leo Batic. La ilustración la hice para regalársela a Leo el día de la presentación del libro.
Para que vayan conociendo la historia, he aquí la parte donde hacen su aparición estos terribles personajes:

No había nadie. Pero en el patio podían intuirse movimientos espasmódicos. Algo se escabullía entre las plantas. El suelo se agitaba, como si alguien hubiera puesto una manta oscura y la sacudiera levemente.

Aterrada, entró en la casa del árbol, buscando la Berry. Marcó mientras se volvía a asomar por la baranda. Un ruido en las ramas cercanas la hizo contener un grito.

–Disculpe, milady si la asusté –dijo Puck y salto hacia la plata­forma.

–¡Que poco sentido de la oportunidad!

–Los duendes tenemos muchos sentidos: gusto, olfato, tacto, pero ninguno de oportunidad, lo siento.

– Ya veo. –¿Qué sucede?

–Si su ilustrísima tiene a bien seguirme, sugiero que nos vayamos.

–¿Irnos? Por que?

–¿No se ha dado cuenta del peligro que corre?

A Sofía se le habían erizado los pelos de la espalda hasta sentir frío en la nuca. Si, por supuesto que había sentido el peligro.

–Están aquí. Y vienen por usted.

El duende se asomo y sus ojos se agrandaron.

–Lamento haber llegado tarde su majestad, fui por ayuda. Creí que no corría peligro. Ahora no hay escapatoria.

–¿Qué decís?

Al asomarse los vio. No eran olas, ni una manta, ni hormigas marabunta. Eran seres del tamaño de una pelota. Desde aquella distan­cia parecían pirañas. Ojos desorbitados, sin parpados. Miles de dientes en una boca gigante, que dividían el cuerpo por la mitad. No tenían escamas, ni cuello, ni nariz. Su piel parecía la de esos gatos de raza Sphinx, sin pelo. Sus cuatro patas de lagarto tenían la habilidad de un mono. Las dos delanteras, como manos, las de atrás podían flexionarse hasta llegar a la altura de los ojos. Cada dedo terminaba en garras oscuras que resaltaban sobre los pálidos cuerpos.

De un solo vistazo podía contar mas de cien. El primero había alcanzado la red de seguridad y lo seguían otros, escalando el árbol con destreza. Apenas hacían ruido, solo un murmullo semejante al de langostas avanzando por un campo.

–¿Qué son?

–Ajats, una especie de goblins muy peligrosos –dijo Puck– y han reunido una cantidad asombrosa. Es usted muy importante. Debería sentirse halagada.

–Estamos perdidos –susurró con terror.



Para ver cómo lo fui pintando, click aquí.
Y para más información, léanse el libro:


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